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  • FRASE DEL DIA:

  • Con el tiempo he aprendido que todos queremos saber, pero casi nadie quiere pagar el precio que significa estudiar

DESPUÉS DE TODO LO QUE YO HE HECHO POR ELLA/EL…

¿Habéis oído alguna vez esta frase o alguna parecida? ¿O la habéis pronunciado vosotros mismos-as?

Y siempre con una entonación de auténtico dolor, decepción, incomprensión…. dolidos, traicionados, a veces frustrados o conmocionados…e incluso en algunos casos humillados…

Cómo, pero cómo esa persona a la que tanto hemos ayudado, o esa persona para la que siempre hemos estado presentes cuando lo necesitaba… esas tardes o noches pasadas a ayudar o escuchar… ese compañero de trabajo al que hemos ayudado porque no estaba a la altura, esa amiga para quien fuimos su paño de lágrimas, ese hermano o amiga a quien prestemos dinero, esa ‘persona especial’ en quien teníamos una absoluta confianza y ahora resulta que….

Sí. Con todo lo que yo he hecho por ella/el…

Y nos hundimos. Y lloramos. O pataleamos. O nos juramos no confiar en nadie más. Y cerramos las puertas al amor. O al cariño. O a la amistad. ..

O pensamos que eso ocurre porque somos tontos de remate.  Y nos refugiamos en pensamientos donde quedamos a la altura del betún..

O quizás, incluso pensemos y complotemos plan tras plan para vengarnos mientras la energía de los pensamientos negativos van directamente dirigidos hacia la persona en cuestión…

Sí. Verdaderamente quien no ha conocido o vivido directamente una situación en la que se ha exclamado ‘después de todo lo que hice por ella/el…

Y todavía es peor, mucho peor, si por las causas que sean, esta situación de traición se ha repetido varias veces a lo largo de nuestras vidas.

No me gusta mucho hablar de mi vida y mis cosas. Pero confieso que a mí sí que me ha pasado. Y fue precisamente en medio de ese dolor, cuando lo entendí. No quiero decir que tuve una visión no, qué más quisiera yo, sino que simplemente entendí la razón. Y lo cuento y comparto ahora por si acaso le pudiera venir bien y ayudar a alguien que me lea. Nunca se sabe…

Fue en todo ese proceso de baja autoestima, de rabia e impotencia, de dudas hacia mí misma, mi trabajo, mi forma de ser, mi forma de ver la vida , cuando entendí y sobre todo COMPRENDÍ que no tenía derecho a decir ese famoso ‘y después de todo lo que he hecho por ella/el.

Porque al margen de las circunstancias – es decir si se me pidió ayuda o si la ofrecí yo libremente – yo hice lo que quise, pude o considere oportuno. Mi recompensa estaba- esta – en lo que yo hago. He querido ayudar, apoyar, prestar dinero, disfrutar de ese amor o relación porque he querido. Libremente lo he decidido. Y ahí en esa elección y en esos hechos, he tenido mi recompensa. Mi autentica recompensa. El hacer lo que he creído o deseado y los sentimientos y emociones saboreados y disfrutados mientras hacia lo que considere oportuno.

Al margen de la ‘recompensa-contestación’ que haya podido tener la persona en cuestión.

Porque si hacemos algo esperando que la otra persona nos recompense de la forma que sea – con su apoyo cuando nosotros lo necesitemos, con el amor fiel, con la lealtad, con el dinero  – entonces lo que estamos haciendo es una especie de inversión, como un negocio. Y por eso nos hundimos cuando la otra persona no corresponde como habíamos anhelado. Son nuestras expectativas las que han caído estrepitosamente.

Sin embargo, si uno hace las cosas porque salen de dentro, en ese simple hecho ya está toda nuestra recompensa. Al margen de la respuesta que él o ella puedan darnos.

Nos sentimos dolidos, defraudados, traicionados, dolidos cuando él/ella no responden a nuestras expectativas.

Y olvidamos que la recompensa ya la hemos tenido. Al hacer lo que hemos querido. Esa es nuestra verdadera recompensa: el haber hecho uso de nuestro libre albedrio. No la recompensa que nos venga de otros, por muy humano que esto pueda parecer.

Para mí, el entender esto, fue una autentica liberación. Entendí que nadie puede traicionarme o hacerme daño si yo no espero ninguna recompensa-contestación de la otra persona.

Quizás alguien, en algún lugar, al leer estas palabras, pueda entender  y comprender que no importa ‘después de todo lo que he hecho por el/ella’. Sino que lo que importa es lo que he hecho porque yo así lo he querido y me pareció oportuno de hacer.

Os aseguro que ahí se acaba todo el dolor. y os sentiréis liberados totalmente.

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